Parada 4.- Una montaña con muchos nombres

Este monte es un claro ejemplo de mesa geográfica: un terreno elevado, de cima llana y delimitado por profundos barrancos.

El término “mesa” se repite en otras montañas de Tenerife, algunas muy cercanas como la Mesa Mota o la Mesa de Tejina. Se refiere a la forma relativamente plana o llana de su parte superior. Esas peculiares mesas deben su origen a la formación de una capa de roca volcánica muy dura y en forma de losa en su parte superior, que las protegió durante el largo proceso de erosión del terreno circundante y las dejó aisladas y prominentes.

En el interior del Monte de las Mesas hay varias formas de relieve con nombre propio, como el Roque de las Mesas, muy cerca de aquí, o el Cabezo de las Mesas, este pequeño promontorio que se abre ante nosotros. Es la zona más alta del monte con 547 metros sobre el nivel del mar y uno de los puntos que delimitan la frontera entre los municipios de Santa Cruz y La Laguna.

La posición estratégica del Monte de las Mesas lo convirtió en un punto clave para la observación del territorio y las comunicaciones. De ello son testigos las antenas que aún perviven y los restos de otras, más antiguas, que se han ido desmantelando.

También fue un sitio importante para la agricultura y la ganadería, como muestran los nombres de lugares relacionados con animales o con cultivos: Piedra el Guirre, Cercado de los Guirres, Risco Rajado, El Gramal, Era de La Zapatera o Piedra la Paciencia, entre otros.

Hoy el Monte de las Mesas es un gran parque periurbano de Santa Cruz de Tenerife, que combina senderos y área recreativa con otros espacios dedicados a la conservación y a la educación ambiental. Pasear por él nos permite disfrutar de un entorno natural privilegiado donde la geología, la cultura y la biodiversidad se dan la mano.